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Siempre fui una niña con un autoestima muy baja, por muchos factores, creía en Dios pero nunca me propuse conocerlo, nunca sentí que lo necesitaba. Hasta que crecí, entre a un grupo porque mi hermana llegaba, nunca tuve la iniciativa, las cosas cambiaron cuando caí en depresión, me hundí de tal manera que mis ganas de vivir se ausentaron, yo no quería seguir, sentía que el mundo se venía abajo.

 

Pero Dios realmente nunca se equivoca y lo tiene todo planeado, yo pensaba que lo conocía, pero no, un día viví una hora santa, tuve la oportunidad de sentir su presencia, pude sentir que todo aquello que me hacía daño, estaba sanando y así ha sido, en el camino de Dios he conocido a personas increíbles que me han compartido un cachito de felicidad y bendición.

 

Estoy agradecida por estar en un grupo en el que nuestro principal motor es Dios y cada día nos esforzamos por demostrarle a los demás lo infinitamente bueno que es, el camino puede ser difícil pero es aún más complicado cuando no estás con el.

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